La Navidad es una importante fecha para todos. Creyentes y no creyentes, adultos y niños, pobres y ricos…porque finalmente es el momento en el que todos, por igual, podemos desear y ser hijos del mismo "padre". La religión nos da un discurso ampliamente secundado por los gobiernos. Vale decir, por los mercados. El desarrollo, que no se piensa a escala humana si no con variables macroeconómicas promueve el gusto por esta festividad desde el lado comercial. Comprar para ser feliz, vender para ser feliz, y los valores que restan quedan rezagados a uno que no es exactamente la muerte del hijo de Dios por nuestros pecados si no que es generar una clara distinción entre Ustedes y Nosotros, entre los que pueden imitar las costumbres de Ellos, los que tienen los medios para sostener el consumismo y los Otros que son los que hacen el contrapeso de la balanza. Es tradición en nuestro país y en casi todo el mundo celebrar la navidad con regalos.
Ahora los regalos funcionan a modo de intercambio, no a modo de gratuidad como en un comienzo debería pensarse. Las diferentes culturas han evolucionado para mantener sus tradiciones o acoplarlas al mundo y a su velocidad de cambio. No obstante, en nuestro país, que es un lugar en el que se juntan diferentes tradiciones y culturas y ganas de ser como los "otros" tenemos pinos con "nieve", chocolate caliente y un panetón, tradicional postre navideño, que nos permite sentir el ambiente de los villancicos y de la "paz y unión" que genera esta fecha. Todos sabemos que estas festividades solo contribuyen a manifestar de un modo punzante y claro que este no es un país de paz y unión y que la injusticia y la pobreza crecen o en todo caso, miran de frente a la riqueza de los que atraviesan por la eterna bonanza del apellido. En este fanzine analizamos dos cosas, por un lado, la evolución de esta fiesta y la forma como se manifiesta en nuestra cultura. Por otro lado, el punto de vista adolescente sobre la navidad.
Los adolescentes son usualmente, sujetos subalternos que no tienen un medio para expresar libre y conscientemente lo que piensan, cuando lo hacen, sobre un tema como este. Piden regalos, piden, piden, piden, eso dicen los padres, o incluso, ellos mismos, no obstante, no todos son iguales. Hay algunos que trabajan en esa fecha, otros que pasan desde los doce años en completa soledad dicha fecha, otros que tienen que partir su tiempo entre su padre y su madre porque son separados y la unión es solo una metáfora para que se reciba más regalos. La realidad es más cruda de lo pensado y los símbolos que consumimos en estas festividades nos traicionan y nos dejan entrever que lo que queremos es ser lo que el Otro es, vale decir, lo que creemos, por su representación, que es.
El hegemón impuesto en nuestra sociedad (por la clase alta, por los que tienen más dinero, mejor educación –privada- mejor apariencia física) nos muestra los cánones de belleza, los cánones de lo aceptado, de lo necesario, de lo que debe ser. El deber kantiano se retuerce y comienza a repreguntarse sobre su real voluntad. Ya nadie cuestiona la felicidad. Todos saben por la publicidad agobiante que la felicidad ¡está en Saga Falabella! Y que tiene un precio y que si no tienes efectivo, puedes conseguirla con una tarjeta verde de crédito finito. Es decir, está en Saga (o Ripley o alguna tienda cara y de nombre extranjero, "lo extranjero siempre es mejor"-dicen) no en otro lugar más sencillo y simple. En todo caso, los padres siempre quieren dar lo mejor a sus hijos, piensan muchas veces, en muchos casos, sin importar la clase social, que los regalos, el costo de ellos representa el afecto y no es materialismo directo si no un intento heideggeriano de comprender la realidad afectivamente y eso convierte la realidad en lo que los sentimientos que tienen, se convierta en verdadera. Entonces, si la verdad está regida también por la comprensión que tenemos de nuestros afectos, está claro que dejamos de pensar en los demás. Es difícil pensar en los demás, en los des-conocidos, cuando estamos ocupados tratando de pensar en los nuestros. Los clásicos temas navideños que inspiran el amor al hogar y a la familia se constituyen en una diferencia básica y fundamental, el pobre que murió para salvarnos. Finalmente, no se recuerda esto si no la fiesta que se viene para celebrar el año nuevo o la religiosidad que esta detrás del rito, de la costumbre y tradición.
Todos aprendemos a demostrar nuestros afectos con la compra de algo. No queremos comprar sentimientos pero sí algo material que nos permita acércanos al Otro cercano, los adolescentes tienen un particular punto de vista sobre esta fecha. No creen en Santa, no creen en que viaja con renos. Lo parodian. Se burlan de las intenciones del mercado de hacerlos gastar dinero, de hecho, son conscientes de eso y saben que es criticable, aunque sean parte de este flujo comercial. Reconocen que es una buena idea seguir la tradición en tanto la tradición se ocupa de llenarlos de regalos, no obstante, los que no tienen la posibilidad de acceder a estos beneficios, igualmente siguen los ritos y viven amargos días. La realidad es más amplia que los dos lados de una moneda. En todo caso, es una moneda sin ángulos o lados, si no que es como una continua forma de rehacer los sentimientos, los pensamientos, las necesidades. Todos han crecido con la influencia navideña de alguna manera, por ello es interesante comparar generacionalmente esta influencia. La generación de los que tenemos 20-28 años tenemos una idea semejante a la navidad de la que los adolescentes la tienen ahora.
El ingrediente de la CVR, de la violencia intensa y casi eterna que se sufrió en el país, la soledad a la que están condenados los que esperan que vuelvan sus seres queridos desaparecidos y la violencia en general que tuvo que atravesar el país son y deberían ser inolvidables. Y aunque las grandes cadenas comerciales olviden estos "detalles", y los jóvenes de quince o catorce años no hayan estado conscientes del todo para cuando sucedió esto, se pasó por un proceso de explicación, de involucramiento…ahora veremos lo que piensan algunos adolescentes sobre la muerte de tantos peruanos y la tradicional fiesta navideña.
Al fin de esta edición –luego de revisar, leer y analizar un poco lo que pasó en la época –de la que recién salimos- de sendero y de Montesinos…y se escuchó una pregunta, ¿en realidad, hay algo que celebrar? Y dijimos todos en coro que SÍ. Claro, claro que hay algo que festejar… y…no se dijo más. Posiblemente lo que podemos festejar es que somos un poco más conscientes que antes de lo que pasa y de lo que no pasa actualmente en nuestro país, y de cómo nuestra cultura se adapta a las otras para mostrarnos una cara que no es la nuestra y que sin embargo, pretendemos que lo sea.
Este fanzine ha sido hecho por los alumnos de V y IV de secundaria de los alumnos del colegio francés Andre Malraux y del colegio estatal Villa Jardín San Luis.
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